Emiliano Zapata

Líder agrarista que defendió la causa de los campesinos sin tierras durante la Revolución mexicana.

Datos
Nacimiento Anenecuilco, México, 8 de agosto de 1879.
Fallecimiento Chinameca, México, 10 de abril de 1919.
Ocupación líder revolucionario campesino, comandante del Ejército Libertador del Sur.
Causa de la muerte acribillamiento a traición.

¿Quién fue Emiliano Zapata?

Emiliano Zapata fue un líder agrarista que defendió la causa de los campesinos sin tierras durante la Revolución mexicana.

Entre 1910 y 1918 encabezó un ejército formado por campesinos, peones y braceros del sur del país que luchó contra los sucesivos gobiernos de Porfirio Díaz, Francisco Madero, Victoriano Huerta y Venustiano Carranza.

Su negativa a deponer las armas, luego de la sanción de la Constitución de 1917 y de la consolidación del gobierno de Carranza, lo puso fuera de la ley y fue la causa de las persecuciones que se decretaron en su contra.

Admirado y odiado por igual, sus seguidores lo conocían con el apodo de “El Caudillo del Sur”, mientras que sus enemigos lo llamaban “El Atila del Sur”.

Fue asesinado en 1919, como consecuencia de una traición organizada por el coronel Jesús Guajardo que contó con la aprobación del presidente Carranza quien lo consideraba un peligro para la seguridad pública y la estabilidad política del país.

Retrato de Emiliano Zapata

Retrato de Emiliano Zapata.

Infancia, juventud y formación intelectual

Emiliano Zapata Salazar nació en el 8 de agosto de 1879, en Anenecuilco, Estado de Morelos. Fue el noveno de los diez hijos que tuvieron Gabriel Zapata y Cleofás Salazar, de los que sólo sobrevivieron cuatro.

Desde niño trabajó como peón de campo y recibió una instrucción escolar muy limitada.

Cuando tenía doce años vivió un hecho que marcó su destino: el dueño de una hacienda vecina se apoderó por la fuerza de una parte de las tierras de Anenecuilco. Consumada la usurpación, Emiliano le preguntó a su padre porque no peleaban para evitar el despojo de sus tierras, a lo que él contestó que no podían hacerlo porque los hacendados eran muy poderosos. Ese día Emiliano prometió que, cuando fuera mayor, lucharía por la restitución de las tierras despojadas a su familia y a los campesinos locales.

Luego de la muerte de sus padres al año siguiente, Emiliano y su hermano Eufemio heredaron algunas tierras y unas cuantas cabezas de ganado con las que debían sustentarse a sí mismos y a sus dos hermanas, María de la Luz y María de Jesús.

Emiliano trabajó duramente esas tierras, pero cuando el dinero no alcanzaba se dedicaba a conducir recuas de mulas y a domar y a vender caballos. Era un excelente jinete y desde muy joven tuvo fama de ser el mejor domador de Morelos.

Inicio de su carrera militar y política

Cuando tenía diecisiete años tuvo su primer enfrentamiento con las autoridades, lo que lo obligó a esconderse durante algunos meses en el rancho de unos amigos. De regreso a su pueblo, defendió las tierras de varios campesinos frente al acoso constante de los grandes terratenientes.

En 1909, los habitantes de Anenecuilco lo eligieron presidente del concejo municipal. A partir de entonces comenzó a tratar con abogados capitalinos para hacer valer los derechos de propiedad de las comunidades locales.

Su actitud intransigente en las negociaciones no pasó desapercibida por las autoridades regionales y fue la razón por la que el ejército lo convocó a sus filas. Tras algunos meses de servicio en Cuernavaca, obtuvo una licencia para trabajar como caballerizo, empleo en el que permaneció poco tiempo.

Emiliano Zapata y la Revolución mexicana

En 1911, Zapata se unió al movimiento revolucionario iniciado por Madero, que había proclamado el Plan de San Luis. La lucha de las tropas de Zapata, al frente del llamado “Ejército Libertador del Sur”, contribuyó a la caída de Porfirio Díaz, que renunció y partió al exilio.

Luego de la elección de Madero como presidente, Zapata confió en que su gobierno concretara los compromisos agrarios que había asumido en el Plan de San Luis. Pero el nuevo mandatario exigió la previa entrega de las armas a todos los revolucionarios que habían apoyado su lucha.

A regañadientes, Zapata accedió al pedido de Madero, pero, al ver que incumplía las promesas que había realizado, proclamó el Plan de Ayala. En ese programa político desconoció a Madero como presidente y proclamó su voluntad de restituir las tierras usurpadas a los campesinos y comunidades indígenas del sur de México.

Luego del derrocamiento de Madero, durante la Decena Trágica de 1913, Huerta le envió una comisión para invitarlo a deponer las armas. Pero Zapata se negó a negociar, fusiló al líder de los enviados y reformó el Plan de Ayala para expresar su decisión de combatir a la dictadura militar.

En 1914 envió delegados a la Convención de Aguascalientes en la que se concretó su alianza política y militar con Pancho Villa, que también había combatido a Huerta. Ambos reconocieron a Eulalio Gutiérrez como presidente provisional de México y no a Carranza, que aspiraba al cargo.

A fines de noviembre Zapata y Villa tomaron la Ciudad de México, pero su incapacidad para dominar el aparato del Estado y las diferencias que surgieron entre ambos alentaron la reacción de Carranza, que se hizo fuerte en Veracruz.

Zapata, incómodo en un ambiente que desconocía, decidió regresar a su Morelos natal, donde emprendió la reconstrucción de su Estado que vivió dieciocho meses de paz mientras luchaban villistas y carrancistas. Durante ese tiempo, Zapata reabrió escuelas, reinició la producción de alimentos, creó comisiones agrarias, estableció una entidad crediticia y transformó la industria del azúcar en una cooperativa.

La situación cambió radicalmente durante 1916, ya que Carranza, luego de vencer a Villa, dispuso una ofensiva general en Morelos. Sin el apoyo villista y con pocas armas, Zapata no pudo resistir el avance de las tropas gubernamentales que ocuparon casi todas las poblaciones del Estado.

La sanción de la Constitución de 1917, que incluyó derechos sociales y laborales, y contempló una tibia reforma agraria, condenó al movimiento de Zapata al fracaso, ya que poco a poco fue perdiendo seguidores. A partir de entonces solo tuvo capacidad para lanzar pequeñas operaciones de tipo guerrillero.

. Zapata junto a Villa en el Palacio Nacional

Zapata junto a Pancho Villa, sentado en el sillón presidencial, el 4 de diciembre de 1914.

Muerte de Emiliano Zapata

Zapata continuó la lucha armada hasta que el coronel Guajardo lo convenció de que estaba en contra de Carranza, y que lo apoyaría con armas y hombres.

El 10 de abril de 1919, Guajardo invitó a Zapata a comer en la hacienda Chinameca, donde le tendió una emboscada. Cuando Zapata ingresó en la finca junto a diez de sus hombres, sonó una trompeta con la que habitualmente se convocaba a los guardias a que rindieran honores a un superior. Pero esta vez era la señal previamente convenida para abrir fuego. Inmediatamente Zapata y sus acompañantes quedaron atrapados en medio de una balacera cruzada, y a pesar de que el caudillo consiguió desenfundar sus pistolas, todos cayeron acribillados en pocos segundos.

El cuerpo de Zapata fue llevado en mula hasta Cuautla, donde fue expuesto y fotografiado en la estación de policía local para que sirviera de escarmiento a los rebeldes que aún lo apoyaban.

Algunos de sus seguidores siguieron combatiendo, pero el movimiento revolucionario acabó disolviéndose. Recién en la década de 1930, el presidente Lázaro Cárdenas concretó la reforma agraria con la que Zapata tanto había soñado.

Bibliografía:
  • Ávila, Felipe. Zapata. La lucha por la tierra, la justicia y la libertad. Barcelona, Crítica, 2019.
  • García Dantán, Javier. La revolución mexicana: crónicas, documentos, planes y testimonios. México, UNAM, 2005.
  • Womack Jr, John. Zapata y la Revolución Mexicana. México, Siglo XXI Editores, 1969.
Citar artículo:
Editorial Grudemi (2022). Emiliano Zapata. Recuperado de Enciclopedia de Historia (https://enciclopediadehistoria.com/emiliano-zapata/). Última actualización: abril 2022.
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